La pobreza
ha existido a nivel mundial desde el principio de todos los tiempos, por lo que
no me cabe duda que para algunos, la han de considerar un buen negocio, que de
lo contrario no existirían más de 4,000 millones de personas consideradas
pobres a nivel mundial.
Ideas e “ideotas”
han surgido con alternativas para palear este mal, desde las más innovadoras
hasta las más perversas; tales como la
distribución impositiva de la riqueza, que lo único que conlleva es a la
generalización de la pobreza. Otras “ideotas” son las de propulsar políticas “paternalistas”
de gobiernos que imponen programas electoreros, que crean hijos dependientes que
no llegarán a crecer, madurar y por fin
independizarse y mucho menos, ser parte de un sistema económico que brinde un
desarrollo personal y general en la sociedad en la cual se desenvuelven.
La pobreza
es un indicador de una sociedad fracasada, por lo que la frase de Schmidheiny
que aduce que “No hay empresa exitosa en
una sociedad fracasada así como ninguna sociedad será exitosa con empresas
fracasadas” por trillada que parezca, es una completa realidad e incentiva a
las empresas a ser parte de la solución de este mal, por lo que la
Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no es el antídoto a la pobreza, pero
si una herramienta empresarial cuya estrategia se puede basar en la Cooperación
al Desarrollo y así, crear condiciones que brinden prosperidad y oportunidades a la sociedad que por simple lógica
económica, beneficiará a las empresas en la adquisición de bienes y servicios.
(Círculo virtuoso y relación ganar-ganar).
Las
empresas no necesitan hacer el trabajo del gobierno, el cual por obligación y
financiado por la misma sociedad debe de apoyar a la reducción de la pobreza;
sino las empresas necesitan reconocer la existencia de la pobreza, asociarse
con las personas en necesidad para
innovar y lograr escenarios ganadores en los cuales los pobres estén
activamente comprometidos y donde, al mismo tiempo, las empresas que provean de
productos y servicios sean rentables.
Esto
significa, reconocer que la masa de personas en pobreza en su totalidad, puede
representar un nicho de mercado excesivamente atractivo y aprovechar las
oportunidades que esto puede significar. Los pobres constituyen un “mercado
latente” de bienes y servicios. Una competencia libre, en contraste a
monopolios locales surgidos en áreas territoriales en pobreza, puede
transformar a los pobres en colaboradores y consumidores. Las personas pobres
deben de ser considerados como núcleo de negocios de las empresas y no, como
simples beneficiarios de programas filantrópicos temporales. El desarrollo de
este sector en pobreza, crearía millones de nuevos empresarios en ese nivel,
empleados calificados, distribuidores y microempresarios de comunidad, los
cuales serían parte del ecosistema del mercado. La RSE permite que las empresas, sin perder de vista
el objetivo final de generar ganancias, contribuyan a la superación de la
pobreza a través de la incorporación de personas de bajos ingresos a la cadena
de valor.
Esta práctica
de RSE es conocida como “Negocios inclusivos”, los cuales contribuyen
a que las empresas se desarrollen de forma sostenible y amplíen sus segmentos
de mercado hacia sectores de la población de bajos ingresos. Al mismo tiempo,
los negocios inclusivos promueven que las familias en situación de pobreza
aprovechen las oportunidades que ofrece el mercado y la dinámica del sector
empresarial.
Esto se
resume en que exista una relación entre una empresa “ancla” y un grupo de
personas emprendedoras de la comunidad en necesidad, que tengan una
participación directa en la dinámica productiva y de desarrollo económico, a
través de sus roles como proveedores de servicios y/o materias primas,
distribuidores de bienes y/o servicios y como consumidores al tener acceso a
servicios básicos o productos de calidad que cumplen con necesidades esenciales
a menor costo.
En la
relación ganar-ganar que un negocio inclusivo representa, se puede destacar los
beneficios que a la empresa representa tales como seguridad de abastecimiento,
menores costos de transacción, legitimidad del negocio en las áreas de pobreza,
mejores relaciones con el gobierno, acceso a nuevos mercados e incremento de
ingresos. Entre los beneficios para la población de bajos ingresos se pueden
enfatizar los precios menores y condiciones justas, creación de fuentes de trabajo, capacitación, acceso a
financiamiento, mayor acceso a productos y servicios de calidad y mejor calidad
de vida entre otros.
Debido a lo
anterior, la RSE a través de los “Negocios inclusivos” aporta a la reducción de
la pobreza, procurando una sociedad exitosa y por ende, empresas rentables y
exitosas.